Roma de Cuarón: Netflix, aburrimiento y consideración

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El aburrimiento se produce al experimentar un presente que no cobra sentido. Eso es lo que pienso. Y aburrido podría resultar poner atención a la propia rutina de lo cotidiano, esa serie de acciones inapreciables que, no obstante, conforman un íntimo retrato nuestro. ¿Por qué cobraría sentido contemplarnos a nosotros mismos? ¿Cómo podríamos, cómo deberíamos lograrlo? ¿Para qué?

 

Vi Roma de Cuarón por primera vez en una proyección especial de cine. La he vuelto a ver en tres ocasiones más (a solas, con un amigo, con mi familia) a través de Netflix para constatar en cada una de ellas de estar ante una película que justamente, al llamar a la contemplación (y en particular de lo cotidiano y lo que de ello se desprende), es inacabable.

 

He leído cientos de comentarios en redes sociales de usuarios mexicanos que vieron la película (Al menos esa es la nacionalidad que puede indagarse en sus perfiles). La mayoría son expresiones negativas quejándose, por ejemplo, de su simpleza y concluyendo entonces que es “realmente mala”, floja, aburridísima, terrible, que te hace dormir y está sobrevalorada ya que “probablemente para los extranjeros sea curioso ver esto, para nosotros ha sido lo cotidiano”… Me pregunto qué implica que lo cotidiano deje de ser una curiosidad para nosotros, más allá de juzgar si es correcto o no.

 

Primero, diré que la contemplación definitivamente está bastante desacreditada en nuestras sociedades, y por ello, se relega su ejercicio a los privilegiados que pueden vivir a costa de ella: algunas personas dedicadas al arte, algunas personas dedicadas a la ciencia, y algunas más mantenidas (en sus distintas denominaciones) y huevonas, es decir, improductivas y devaluadas socialmente. ¿Será que nos hemos divorciado de la contemplación —tal vez por culpa o por vergüenza— al grado de tomar por despreciable a quien o a aquello que nos incite a contemplar deliberadamente?

 

Segundo, la contemplación está amalgamada a la consideración, así que ¿por qué estaría bien no considerarnos durante el mayor/mejor tiempo posible? ¿Por qué deberíamos desconsiderarnos sistemáticamente? De la consideración hacia lo que percibimos brota la reflexión y germinan los conocimientos artísticos, científicos, los nutrientes espirituales; la consideración nos faculta para la transformación. 

 

Sobre Roma, una película portentosa, tendrá que decirse también que ha troleado involuntariamente a un sinfín de usuarios digitales mexicanos al hacerles entrar a escena de su propia cotidianidad, de la que intentaban escapar.

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